Inteligencia artificial: hacia una estrategia europea de regulación ambiciosa
La inteligencia artificial (IA) está transformando en profundidad los sectores de la sanidad y las finanzas, obligando a los responsables políticos europeos a definir un marco regulatorio adaptado a los retos de la soberanía tecnológica. En un análisis conjunto, Gilles Babinet, emprendedor y presidente del Consejo Nacional de lo Digital, y Pascale Seivy, experta en regulación financiera, abogan por una estrategia europea ambiciosa basada en la regulación en lugar de la mera competencia con los gigantes estadounidenses y chinos.
Los dos expertos destacan que la IA generativa ya está revolucionando los oficios de la banca y el seguro, desde la detección de fraude hasta la personalización de los consejos patrimoniales. Esta aceleración tecnológica tiene lugar cuando Europa tiene dificultades para producir campeones capaces de rivalizar con OpenAI, Google o Baidu. Para Babinet y Seivy, el error sería intentar imitar estos modelos: el camino europeo debe pasar por una regulación inteligente que instaure la confianza y cree una ventaja competitiva diferenciadora.
Esta posición se inscribe en un contexto regulatorio ya denso. El reglamento europeo sobre IA (AI Act), adoptado en marzo de 2024 y entrado en vigor progresivamente desde entonces, establece una clasificación de riesgos y obligaciones estrictas para los sistemas de alto impacto, especialmente en finanzas. La CNMV y la Autoridad de Supervisión Prudencial (ACPR) ya han publicado directrices sobre el uso de algoritmos en gestión de activos y crédito. El Banco de Francia, por su parte, está experimentando con la IA para la vigilancia macroprudencial y la detección de ciberamenazas.
En los mercados, este refuerzo regulatorio crea una tensión característica. Los establecimientos financieros franceses y europeos invierten masivamente —más de 15.000 millones de euros anuales para el sector bancario europeo según las estimaciones de 2023— pero siguen enfrentándose a un reto de cumplimiento creciente. Los modelos de IA, a menudo calificados de «cajas negras», tienen dificultades para satisfacer los requisitos de explicabilidad de la directiva sobre mercados de instrumentos financieros (MiFID II) y del futuro reglamento DORA sobre resiliencia digital. Esta fricción entre innovación y supervisión podría beneficiar a los grandes bancos sistémicos, mejor equipados para desplegar recursos jurídicos y técnicos, en detrimento de las fintechs y los gestores de activos de tamaño medio.
El tipo de interés de referencia del Banco Central Europeo (BCE), mantenido en el 4 % a pesar de las primeras rebajas iniciadas en junio de 2024, constituye otro factor estructurante. En un entorno de coste de capital elevado, las inversiones en IA deben demostrar una rentabilidad tangible. Los establecimientos financieros reorientan así sus gastos hacia las aplicaciones de alto impacto operativo —automatización de las back-offices, scoring de crédito mejorado— en lugar de la investigación fundamental en grandes modelos de lenguaje (LLM).
Para los inversores, esta configuración ofrece dos vías de reflexión. Por un lado, los valores tecnológicos europeos especializados en el cumplimiento regulatorio (regtech) y la explicabilidad de los algoritmos podrían beneficiarse de un viento favorable estructural, en la línea de las performances del sector desde la adopción del RGPD en 2018. Por otro lado, la emergencia de un estándar europeo de IA «de confianza» podría constituir un activo de exportación hacia los mercados emergentes en busca de marcos de referencia, especialmente en África y el Sudeste Asiático.
La propuesta de Babinet y Seivy llama no obstante a la prudencia sobre los plazos de implementación. La heterogeneidad de los reguladores nacionales dentro de la Unión, combinada con las incertidumbres políticas vinculadas al ciclo electoral de 2024, arriesga a diluir la ambición manifestada. Los inversores vigilarán especialmente las primeras sanciones administrativas dictadas por la CNMV y la ACPR en materia de IA, que establecerán la jurisprudencia de facto del nuevo marco.


